Volvemos con el grupo de Crianza.
Y no sabes las ganas que tenia de volver…

Durante el embarazo a menudo sucede que estamos completamente enfocadas en el parto.
Tenemos tantas expectativas y emociones envolviéndonos, que nos cuesta mirar más allá, asomarnos al después.
Vamos a parir! 
Es tan grandioso, potente, abrumador. Tenemos tanto que trascender.
Que a veces no somos capaces de vislumbrar ni un poquito lo que viene después. 

Y visualizamos allí al fondo a ese ideal de bebé de anuncio que duerme, sonríe y gatea.

Pero el postparto nos pone de frente con la realidad.
Nos sacude, nos pone del revés y nos trae la vivencia a la piel.
Muchas veces pensamos: si alguien me lo hubiera dicho!
Pero no nos engañemos, por mucho que nos lo cuenten, nada se compara a vivirlo.

Imposible comprender o describir lo que vas sentir…

Con ese pequeño ser húmedo y blandito sobre tu cuerpo.
Mirando sus manos y pies, contando deditos.
Pasando día y noche observándole, en ese estado de vigilia permanente.
La intensidad de las emociones que te sobrevienen.
Desde el amor a la desesperación, todas multiplicadas por mil.
La dificultad para sostener el llanto, el del bebé y el tuyo propio…
Hasta que entiendes que bailan sincronizados.
La exigencia de la fusión emocional, de comprender que sois inevitablemente lo mismo.
A través de noches y tomas, tan infinitas cómo fugaces.
En esa nueva relatividad del tiempo, donde no existen patrones, relojes, ni pautas que valgan.
Mirando a tu pareja y volviendo a conocerle, preguntándote si sigue ahí y donde estáis.
Buscándote a ti misma de refilón en un espejo, a través de las ojeras, de tu nuevo cuerpo, de tu sonrisa cansada.

Imposible prepararse para una experiencia así de brutal y grandiosa. 
Un proceso de transformación tan inmenso que te revuelca y te remueve hasta lo profundo de tu ser.

Un momento que a menudo nos conecta con la soledad.
Que nos pide a gritos mirarnos a los ojos entre iguales. 
Caminar acompañadas.

Y esa es la buena noticia, que no estamos solas, que somos muchas.
Y estamos juntas.

Y juntas, el camino siempre es más fácil.

Te vienes?

Abrazos,
Cristina